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Cuando vi su fotografía pensé en Diego, mi hijo cuando tenía 3 años, su edad. El rostro sonriente de Ahizaya Osceola parecía mirarme fijamente. Estaba cubriendo como reportera su muerte… aparentemente a manos de su madrastra.

Durante más de una semana he estado leyendo expedientes médicos y policiacos sobre lo ocurrido a este pequeñito. Su madrastra lo reportó como desaparecido en Hollywood, en el estado de la Florida, y las autoridades junto a una gran cantidad de voluntarios se dieron a la tarea de localizarlo solo para que casi 10 horas después encontraran su cadáver en un caja dentro de unas bolsas de basura.

¿Quién tiene el corazón de poner el cuerpo de un niñito en bolsas de basura? Aneliz Osceola, la madrastra de Ahizaya tiene un hijo de 5 y una bebita de 8 meses. ¿Habría hecho lo mismo con sus hijos biológicos?

El niño vivía con su padre, su madrastra, sus dos hermanos y varios adultos más. ¿Cómo permitieron tanto abuso?… El reporte del forense asegura que tenía laceraciones en el hígado, el páncreas partido en 3 y un trauma abdominal. Por si fuera poco, tenía la tibia, el peroné y un piecito roto al momento de la autopsia. El médico aseguró que llevaba como mínimo dos semanas con el pie fracturado y que seguramente no podía caminar. El dolor debió ser insoportable.

La familia había sido reportada e investigada en numerosas ocasiones por el departamento de niños y familias, la institución encargada de proteger a los menores de cualquier abuso o negligencia. La madre biológica es otro desastre. Le habían quitado la custodia de sus 4 hijos por su incapacidad de atenderlos, ser negligente y maltratarlos.

Ahizaya fue enviado a vivir con su papá luego de que descubrieron que su madre lo había descuidado en un hotel porque estaba en su habitación completamente borracha.

Mientras leía el expediente las lágrimas escurrían por mis ojos. Estoy hasta cierto punto acostumbrada a lidiar con la tragedia y el dolor. Todos los días me enfrento al crimen, la mala fe de la gente y muchas cosas negativas, pero, creo que nunca estaré preparada para reportar casos donde un niño sufre tanto a manos de quienes se supone deberían cuidarlo.

Maestros, familiares, amigos sabían que estaban abusando del niño y aparentemente no se hizo nada para evitar su muerte.

Frente a su casa, cientos de globos, juguetes y peluches hablan de una comunidad lastimada por esta tragedia. Descansa en paz, Ahizaya, finalmente descansa en paz.

Este artículo fue publicado en Huffington el 29 de marzo del 2015

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