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Al abrir la caja roja, un anillo apareció alegre. Brilla mucho y tiene en el centro un corte en forma de corazón. Mi amiga María Antonieta me lo trajo de regalo como recuerdo de la boda real de Harry y Meghan. Es una réplica del de compromiso de la nueva duquesa.

“…..Porque tú también mereces un príncipe que te quiera mucho…” me dijo.

El anillo trajo a mi memoria aquel día de junio de 1989 en el museo de cera de la Ciudad de México. Hacía más de un año que mi novio se había ido a estudiar a otro país y todos nos pronosticaron olvido seguro.

“¿Te quieres casar conmigo? Me dijo el que se convertiría en mi esposo 3 años después. “Si, pero cuando termine la universidad” le contesté. Mi respuesta sería motivo de reclamos en los años venideros “No te vi emocionada…¿qué te habían pedido matrimonio antes?”

Mi ex tenía razón. En mi tierra, entre mi gente, no existía la tradición de la mentada joya. Así que lo que realmente me puso a pirar fue la idea de vivir eternamente con él.

Un rompimiento de 10 meses hizo que en un ataque de dignidad le pusiera el anillo en el correo y se lo mandé de vuelta a Estados Unidos con una simple nota: “Asunto olvidado”.

La joya volvió a mis manos el día en que frente a mis padres me pidió en matrimonio y la conservé durante muchos años hasta que recién llegada a Miami unos ladronzuelos se metieron a nuestra vivienda y se llevaron todas mis “alhajas” incluidos mi anillo de matrimonio y el de compromiso. Me dio el ataque. No los traía conmigo porque habíamos ido a la playa. Meses después me repuso las joyas con dos anillos entrelazados que llevé conmigo hasta el día de mi divorcio. No, no se los devolví, porque el amor no es para siempre…pero un diamante si. Y me da ilusión dárselo a la que algún día pueda ser mi nuera. O que mi hija lo use en alguna fecha especial.

La copia del de Meghan me hizo sonreír. Cuanta felicidad debió sentir cuando a solas pudo ver su brillo. Que yo se lo que siente.

Y aunque quizá nunca vuelva a tener uno para mi, me dio nostalgia haber despertado en alguien el deseo de “atar” su vida a la mía en un círculo simbólico.

Por eso, esta tarde abrí mi viejo libro y el poema de Amado Nervo puso en rojo mi corazón.

“Amé, fui amado…el sol acarició mi faz,
¡Vida, nada me debes!
¡Vida, estamos en paz!…..

#romántica #romance #anillo

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