Corría el año 2000. Yo, estaba por primera vez en Europa. Iba con mi ex marido y estábamos súper enamorados.

“Es el maestro Manzanero” grité en plena plaza de San Marcos, en Venecia, Italia. Mi ex cuñado, quien andaba con nosotros no lo podía creer.

“Es él” les dije. Sin más nos acercamos al compositor que estaba sentado tomando un café con su esposa.

“Somos mexicanos maestro. Soy periodista y hace años cubrí su concierto con Tania Libertad”. Don Armando sonrió y aceptó amablemente tomarse una fotografía con sus paisanos. Mientras, yo cerré los ojos y busqué en mis recuerdos.

En 1992 yo era una reportera novata a la que le daban las peores asignaciones en aquel gran diario de la Ciudad de México, pero curiosamente el reportero asignado a la cobertura se había enfermado y me mandaron a mi de emergencia. Mi jefe me entregó dos boletos.

“Te pones algo decente y de noche” me dijo mientras me daba la tarde libre para que yo pudiera irme hasta mi casa, cambiarme y acudir al concierto. Un amigo de la universidad que me andaba haciendo la ronda me acompañó muy galante.

“La Libertad de Manzanero” se titulaba el espectáculo donde el maestro no solo cantó y tocó el
piano sino que contó chistes subidos de tono que nos pusieron rojas las mejillas a algunas jovencitas. Fue de los primeros grandes shows a los que yo acudía. Solo tenía 20 años y me sentía apabullada por aquella gente mayor bien emperifollada que ocupaban sus mesas y pedían botellas de buen vino. Nos sentaron en la mesa de la prensa, en primera fila. En algún momento, mi amigo se puso romántico y posó su mano muy cerca de la mía con discreción. Pensé que arrullado por aquellas melodías de amor se iba a animar a decirme algo…pero no. Al otro día, la nota con la reseña de aquel concierto apareció en la primera plana de la sección de espectáculos.

Años después del encuentro en Venecia, siendo yo reportera para el programa matutino de Telemundo me mandaron a entrevistarlo. Le repetí la historia del concierto y que nos habíamos visto en Italia.

“Maestro, ¿Usted cree que se muere el amor?”

“El amor no muere señorita, ¡solo se cambia de casa!” me dijo súper coqueto.

Al final de la entrevista me animé a mostrarle esta fotografía.

“Maestro, como le dije, hace unos años…en Venecia…¿Podría firmarme la foto?”

Mientras me contaba la historia de como compuso “Esta tarde vi llover” estampó unas letras en la imagen.

Hoy al leerlas me embargó la emoción:

“Diana, con mi amor…Manzanero”

Nuestro amor a ti Manzanero. Gracias por llevar el nombre de México plasmado en el corazón, por tus extraordinarias canciones y por invitarnos a aún creer en el amor…

Plaza de San Marcos, Venecia, Italia. 2000

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