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Durante todos los años que llevo reportando historias sobre violencia doméstica nunca me había tocado una situación verdaderamente difícil de manejar a nivel moral, legal y emocional.

Hace unos días realice una entrevista a una mujer que entre lágrimas me contó que su aun esposo la había maltratado por 20 años llegando al grado de secuestrar a sus hijos durante 7.

“Me pegaba, me decía ‘gorda’, ‘estúpida’, no me dejaba salir, tenía celos de todos, era horrible. Me regresé a mi país porque no podía más y entonces una vez que mis hijos vinieron a pasar vacaciones con él decidió no regresármelos. Volví a verlos hace un año, mi hijo mayor no me habla, no me quiere y la relación con mi hija menor, quien vive conmigo por miedo a su papá, es mala”.

No es la primera vez que escucho este tipo de declaraciones. Pero si es la primera vez que recibo una llamada que me sorprendió.

“Soy el marido de la mujer que usted entrevistó ayer en la televisión. Ella miente y yo tengo derecho a defender mi nombre”.

Me asaltaron entonces las dudas de cómo manejar la situación. Legalmente estaba en la obligación de darle la misma oportunidad de hablar que se le dio a su esposa, pero me sentía temerosa de los efectos que esta entrevista podría tener en la vida de su mujer y su hija. Por otro lado, cumpliendo las normas del periodismo básico tenía que ser imparcial.

Decidí avisarle a la mujer que iba a hacer una entrevista con su expareja. Ella llorando me dijo que así había vivido toda su vida, acosada por este hombre. Pero me dijo que aunque le habían recomendado no dar su nombre lo hizo porque ya estaba cansada de vivir ocultándose de él y de la vida misma.

“Nunca le pegué, nunca la maltraté, si tan mal marido fui ¿Porqué vivió 20 años conmigo? Lo que ella quiere son los papeles. Finge ser víctima de violencia doméstica con la única intención de que las autoridades la protejan” me dijo el hombre.

Efectivamente, hay leyes que protegen a los indocumentados que son víctimas de violencia doméstica. Y en efecto, he conocido de cerca a hombres y mujeres acusados de maltrato y hasta abuso sexual solo para lograr un beneficio migratorio.

Lo que en realidad sucedió en su hogar y en su matrimonio solo lo saben ellos. Lo que yo pueda pensar es irrelevante. Espero de corazón, que las cosas le vayan mejor a ambos.

Este artículo fue publido en Huffington el 02 de noviembre del 2014

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