Ariadna, Ricky, Karina, yo y Patty en un descanso

Aquella noche, una cálida brisa rozó mis mejillas. Por fin llegábamos a nuestro destino. Lo había soñado tanto. La primera vez que supe de aquel país fue gracias a mi abuela quien me narró uno de mis pasajes bíblicos favoritos. Un niño recién nacido era salvado de las aguas del río Nilo. Moisés, el libertador del pueblo hebreo.

Después vinieron el catecismo, las clases de historia universal y la vieja enciclopedia que engalanaba la sala de mi casa “El nuevo tesoro de la juventud”. Todos me hablaban de esa tierra mítica y mágica: EGIPTO.

Y finalmente, luego de no sé cuantas horas de viaje estábamos ahí. Una escala en París (no podría haber mejor escala en el planeta) fue el preámbulo a nuestro destino final. El Cairo.

“Buenas noches, bienvenidos” nos saludó nuestro guía en perfecto español. Me lo había recomendado una amiga que a su vez lo encontró en una página en Facebook. Es la mejor recomendación que he tenido en mi vida. Imagínense tener por guía a un Egiptólogo que además es experto en jeroglíficos. Lo abrumamos con preguntas desde el primer momento.

Mis acompañantes en aquel viaje fabuloso fueron mis mejores amigos, Ricky, Patty, Ariadna su hermana y mi hermana Karina. México, Puerto Rico y Cuba iban muy bien representados por nosotros que hicimos retumbar en medio del árabe el idioma de Cervantes. No había grupo más escandaloso que el nuestro. Pura trova. 

El primer día lo guardamos para relajarnos en la piscina del hotel después de tantas horas viajando. Las pirámides de Giza nos saludaban frente a nuestra habitación. Luego, un espectáculo nocturno de folclor auténtico.

Estábamos listos para llegar a la joya de la corona. Giza,sus pirámides y la esfinge. Ariadna lloró en cuanto se vio en el lugar. A Patty y a mi nos invadió la emoción poco después. Yo también lloré.

“¿Cómo pudo la mano del hombre construir semejante maravilla?” Pensé mientras mis ojos se llenaban de esa luz que se reflejaba en cada piedra.

“Definitivamente mi muy querido Mohammed, tu raza es superior. Muy, muy superior” le dije a nuestro guía que en menos de 10 minutos se hizo nuestro amigo íntimo. Con humildad solo sonrió.

De su mano recorrimos las pirámides y la esfinge, dimos nuestro primer paseo en camello y navegamos el Nilo. Llegamos al valle de los reyes y pude finalmente ver con mis propios ojos la momia de mi faraón favorito Tutankhamen. No puedo describirles mi emoción. No habría manera de hacerlo.

Mi querido Ricky fue la estrella del viajecito con sus cincuenta mil ocurrencias y  sabor caribeño. A mi amiga Patty el calor le causó estragos pero no como para que se rindiera. Mi hermana andaba feliz. Fue un viaje transformador e inolvidable, de esos que guardas en el corazón y la memoria.

Un viaje a la historia y la leyenda. Cleopatra y Marco Antonio, Cleopatra y Julio César, Cleopatra griega nacida en Egipto. Ra, Isis, Horus, 

Osiris, Thot, Amun que todos los dioses bendigan para siempre esa tierra eternamente brillante.

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