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Ella sabía que aquel hombre nunca sería suyo y que la eternidad dura exactamente dos horas. De 8 a 10, el tiempo límite para entregarse uno al otro.

No hablaban mucho, se citaban de vez en cuando en la misma esquina y se iban a un motel.

-¿Todo bien?
-¡Súper! Y ¿tú?
-Todo bien. Lindo día ¿no?
-Divino….

Se conocían hacía mucho. 20 años atrás habían coincidido en ciudades distintas durante un evento de prensa. Eran periodistas y se la pasaban de aquí para allá. Por aquellas cosas del destino volvieron a verse en un restaurant. Ella salía del baño y se lo topó de frente.

-Pero carambas… ¡mira a quien me vengo a encontrar aquí! ¡Hombre qué gusto volverte a ver! No me digas que vives en esta bendita ciudad….

-Bueno, no te lo digo yo, ya lo dijiste tú…aquí vivo. ¡Estás guapísima! ¿Te podés tomar un café conmigo?…

Su acento le recordó la plática cuando se conocieron. Nunca pudo olvidar su voz.

-Soy argentino nena… ¿y vos?…

Ella tenía 20 años, estaba empezando su carrera periodística y se le hizo fácil pegarse al tipo que traía una cámara. El era unos 15 años mayor pero su aspecto desaliñado le hacía parecer más joven. Ahora nuevamente lo tenía frente a ella.

-Pero claro que si….me tienes que contar toda tu vida…literalmente…

Otra vez, como aquella tarde de abril las horas se fueron sin pensar. Varias tazas de café después se despidieron pero algo en el ambiente les dijo que no tardarían mucho en volverse a ver. Y así fue.

-¿Y entonces otra vez te casaste? Eres un reincidente del demonio…

-Y bueno…no me gusta vivir solo. Y no me pienso divorciar…por tercera vez. Me di cuenta que no cambia nada, solo la mujer. A los 3 años te estás tirando los platos igual que con la anterior. Pero te voy a ser honesto porque detesto perder el tiempo o la oportunidad. Quisiera acostarme contigo. Si tú no querés no hay bronca. Hacés de cuenta que no te dije nada.

A ella le encantó su franqueza pero pensó en no embarcarse en una aventura que podría acabar muy mal. Varios fracasos sentimentales la habían puesto en alerta y a su corazón también.

-Puedo ser una amante insoportable. Podría perseguirte, llamar a tu mujer, pedirle que te deje…no valgo la pena…creo…

Entonces él le tomó las manos. En sus dedos un anillo matrimonial parecía importarle poco. Sus manos se entrelazaron y se hicieron el amor. Su dedo índice recorrió la palma de ella mientras la miraba con una gran sonrisa. Luego, se las llevó a la boca y las besó.

Esa primera entrega llevó a muchas otras. No había preguntas, ni grandes temas de conversación. No estaban enamorados, ni se necesitaban, alguna vez el le mandó en un mensaje de texto una hermosa frase de Neruda. “Para que nada nos separe, que no nos una nada”…

Ella sabía que aquel hombre nunca sería suyo…. y que la eternidad dura exactamente dos horas….

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