Durante muchos años pertenecí a la llamada familia militar. Mi ex marido era parte de las fuerzas armadas de este país y digamos que supe bien lo que era la milicia. Mi ex suegro y ex cuñado son militares de alto rango en México y en Estados Unidos.

Por eso, se bien como se manejan las cosas ahí. Es un mundo de varones. Punto. De encubrimiento y de muchas “cosillas” que al común denominador dejarían en shock. Entrenamientos militares desiguales para hombres y mujeres. “Querían estar en la ‘navy’ ¿no? ¡Que se jodan!” Me dijo alguien.

Lo sucedido a Vanessa Guillén no me sorprende. En 3 ocasiones llegaron a mis manos denuncias de muchachas que me aseguraban sus superiores las maltrataban y las acosaban sexualmente. “Piensan que somos sus ‘putas’ no sus similares” me dijo una de ellas llorando. Yo misma escribí a algunos superiores indagando el asunto y NUNCA obtuve respuesta. Cero.

Nunca pude hacer una historia con sus quejas. Mis jefes me preguntaban siempre como lo íbamos a comprobar.

“Imagínate, vamos a manchar el buen nombre de un sargento sin pruebas”. Tristemente estaban en lo cierto. Las jóvenes nunca pudieron darme pruebas de los acosos o maltratos. No hubo un espacio televisivo para ellas. Ni una cuartilla en un periódico. Ya no digamos una entrevista radial. Las chicas terminaron su contrato y se largaron de las fuerzas militares. Dos de la “navy” y otra del “army”.

En esta ocasión se trata de una hispana aparentemente asesinada por un militar de la raza negra. Black lives matters. La de ella NO.

Como comunidad no hemos sido capaces de quejarnos, ni de marchar, o de vociferar por el homicidio impune de una jovencita, una mujer, una de las nuestras.

¿Porqué no hay marchas en Washington? ¿Porqué ningún grupo de activistas serio acompañó a la familia de Vanessa al Congreso de los Estados Unidos para exigir justicia por su homicidio? ¿Habrá un fondo económico para su familia? ¿Le darán a sus restos un descanso honorable? ¿Qué van a hacer los demócratas? ¿Y los republicanos? ¿Van a hincar las rodillas por su muerte? ¿Se van a rasgar las vestiduras? Seguramente no.

A cada comunidad deberían dolerle los suyos. ¿A cuántos hispanos matan día a día injustamente? ¿Cuántos gays? ¿Cuántas niñas?

Por eso, me indigna ver urbas de latinos desaforados protestando por la muerte de no sé quién cuando no somos capaces de defender a los nuestros. “Candil de la calle y obscuridad en la casa” dice el refrán.

Claro, es mujer, no importa. Claro, el que la mató es negro, da miedo decir algo, se pueden ofender. Claro, el homicida es hombre. Claro, ella se lo buscó, capaz lo provocaba vestida en ese uniforme verde.

Que triste todo. Que triste de verdad…

Niñas de mi vida y de mi amor, con tantas carreras maravillosas y cosas extraordinarias por hacer busquen otras opciones. ¡Vayan a la universidad por Cristo resucitado!

Recommended Posts

Leave a Comment