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“Estoy tristeando”, me dijo una amiga. “Por segundo año consecutivo… no tengo con quién celebrar el 14 de febrero. ¡No tengo novio!”, me aseguró con cara de tragedia.

“Pues celebra el día de ‘SIN Valentín’, total el chiste es celebrar”, le respondí intentando animarla. Pero la realidad del caso es que son miles de personas quienes padecen de lo que yo llamo “la depresión pre-Valentín”, algo así como “la depresión post parto”… pero al revés.

Y es que aunque se tengan muchos amigos para festejar el llamado “día del amor y la amistad” pareciera que la celebración no es la misma si no se tiene pareja.

“Mis galanes me llevaban a cenar y me regalaban flores…”, continuó quejándose mi amiga. “Pues invítate a cenar y cómprate tú tus rosas… ¡vamos que no es para tanto!”.

Ver a mi amiga tan compungida me trajo ciertas memorias. Durante mis 20 años de matrimonio el día de San Valentín era una gran fiesta entre mi exesposo y yo. Era un hombre detallista y romántico. Pero desde mi divorcio tampoco he celebrado con ningún caballero el famoso día.

Me causa gracia pensar que, particularmente a las mujeres, la fecha nos pone nostálgicas y melancólicas. Pareciera que estamos destinadas a sufrir del mal de amores por siempre. Si tienes un hombre sufres… si no lo tienes también. Si tu pareja no es detallista te enojas… y si lo es también te enojas… ¿como pudo gastar tanto en unas flores?’ he escuchado decir a alguna imprudente por ahí.

Personalmente soy una amante de las celebraciones de todo tipo. De cumpleaños, de ascensos, de despidos, de bodas y de divorcios. Navidad, Año Nuevo, Acción de Gracias… todo lo celebro por lo alto. La vida es corta como para perder el tiempo en quejas y lamentaciones. Si hoy se puede celebrar con o sin pareja, me parece fantástico… mañana no sabemos si estaremos en este planeta o quizá al lado de “Cupido” convertidos en angelitos… si bien nos va.

Así que en esta ocasión por no sé que año consecutivo, festejarė mi día de SIN VALENTIN con la seguridad de que aunque se añore el beso y el abrazo de un cariño extraordinario, por ahora la mejor compañía es la que puedo brindarme yo misma, la que me dan mis amigas y mis hijos que son mis grandes amores.

Una buena copa de vino, poemas de Benedetti y Cortázar y hasta una película romántica vienen bien cuando de amor se trata.

Este artículo fue publicado en Huffington el 14 de febrero del 2015

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