El alcoholismo es una enfermedad progresiva y mortal

Con todo lo que está pasando entre los hijos de José José a causa de su muerte, entré en un debate con algunos de sus seguidores.

De pronto, los hijos mayores y Anel, la ex esposa del cantante se convirtieron en unas fieras que le habían hecho mucho daño. Yo sé el otro lado del cuento y tristemente la historia tiene muchos “parches” desconocidos para la mayoría del público…menos para mi. Y ahora van a leer porqué.

Durante muchos años he tratado de escribir lo que hoy voy a contarles en una especie de catarsis. Las lágrimas escurren por mis mejillas liberando tantos años de silencio.

YO SOY LA HIJA DE UN BORRACHO. Sin la fama, el dinero o el don extraordinario de José José.

Los alcohólicos amigos míos, NO SON las víctimas frágiles de quien todo mundo se aprovecha. Discúlpenme pero, no se vale MITIFICAR al bebedor o drogadicto y convertir a los que nos los hemos CALADO, por no decir otra palabra más fuerte, en unos “desgraciados que lo abandonaron”.

Es una falta de conciencia total, asegurar que cuando una persona dice “HASTA AQUÍ” a un alcohólico es porque no se le apoyó. Sinceramente, no saben lo que dicen y pecan de imbeciles.

Durante décadas, 3 para ser exactos, vi sufrir profundamente a mi madre por el alcoholismo de su marido, mi papá. Fueron años y años de lágrimas, disgustos y si, si y si, muchísima vergüenza. Mi padre se metía unas borracheras de días, se desaparecía del trabajo, se desaparecía de la casa, se desaparecía del mapa. Mi madre tenía que enfrentar al jefe que la llamaba para reclamarle donde carajos estaba su marido que no iba a trabajar. Mis abuelos le suplicaban que fuera a buscar a su hijo.

Como ella trabajaba…yo era la encargada de ver en donde andaba el caballero. No tengo que dar explicaciones de los peligros a los que me expuse buscando al señor. Borrachos por aquí y por allá, barbajanada y media. Palabras altisonantes en un mundo de porquería.

Viví mi adolescencia en la etapa más cruenta de su enfermedad. Reconozco que quedé traumatizada y que huí literalmente de mi casa en cuanto me fue posible.

“Vimos a tu papá tirado en la calle…estaba ¡hasta las chanclas!” me dijo una amiguita poco antes de mi fiesta de XV años. Yo quería morirme de la pena. Varios jovencitos me miraban sonrientes, se burlaban en mi cara del borracho de mi padre. Mi fiesta fue otro show. Prefiero esconderlo en lo más profundo de mi memoria. Nunca he vuelto a mirar el álbum de fotografías. No puedo. Así de bonito el recuerdo.

Luego de un gran disgusto porque perdió el sueldo completo en una borrachera, me vi enfrentada a mi padre. Mi madre le reclamaba y el le aseguraba que ¡ella se lo había robado! ¿Les suena familiar la historia? Curiosamente a todos los alcohólicos sus “parejas” les roban. Por favor, lo que sucede es que en su delirio no recuerdan a quien le dieron qué.

Al escuchar la acusación, me levanté de mi cama hecha un energúmeno y le dije tantos horrores a mi papá que finalmente al otro día, entró a un grupo de alcohólicos anónimos. Fueron los 5 años más felices de mi vida juvenil. Diríamos que los más felices de mi vida en mi núcleo familiar cercano.

Lloré amargamente y por horas cuando mi madre contó que había vuelto a las andadas. “La volvió a agarrar con todo” me dijo la pobrecita llorando conmigo.

Yo ya estudiaba en otra ciudad pero lastimosamente llegué a casa de otro enfermo. Los 3 hermanos de mi padre fallecieron a causa del alcohol. De una u otra forma, sus enfermedades tenían que ver con todo el licor que se metieron. Murieron relativamente jóvenes.

Por estricto respeto a su persona, no voy a contar más detalles de todo lo que vivimos con mi padre a causa de su alcoholismo. Me siento capacitada de hablar casi de cualquier tema de mi vida íntima menos ese. Al mundo le he escondido la “debilidad” de mi progenitor con el cual tengo una relación cordial. Le llamo de vez en vez y cuando voy a mi país lo veo aunque sea un rato.

Ciertamente su enfermedad lo llevó al precipicio y fue muy duro, muy duro no dejarnos arrastrar con él. Finalmente luego de 33 años de un espantoso matrimonio mi madre se divorció harta de tanta barbaridad. Mi padre se quedó “jodido” y sin familia. Lo “abandonamos” pues.

Por eso amigos míos, dejemos de criticar a la ligera o de endiosar a los que campantemente llegan a “SALVAR” al “INOCENTE” cuando el trabajo SUCIO lo hicimos otros. Cuando sus vómitos los limpiamos otros, cuando en el hospital lo acompañamos otros, cuando las calles las recorrimos otros, cuando las penurias las vivimos otros, cuando la vergüenza la pasamos otros. ¡Que lindo ser el hijo del campeón! Porque del miserable borracho que fuiste ya nadie se acuerda.

Pero a algunos la memoria a veces se nos refresca. Recuerdo que mi padre repetía cada mañana la oración de la serenidad que le enseñaron en su grupo de alcohólicos anónimos a cuyo estrado me subí en una única ocasión pues la experiencia al contar lo vivido como hija de un alcohólico fue tan desagradable que no he podido repetirla.
Con solo 18 años y en un pequeño homenaje a todos los hijos y familiares de un enfermo, de un “borracho” yo también recité.

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que si puedo y sabiduría para entender la diferencia”…

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