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En diferentes etapas de mi vida, he vivido lo que llamo “La maldita depresión”, digamos que la versión real de la popular canción “La maldita primavera”.

Los motivos pueden ser muchos…o ninguno. En mi caso, preceden a situaciones de gran “encabronamiento”, strees o angustia. En mi familia, mi madre fue la primera en sufrir depresión clínica. Siempre fue abierta con el tema y por eso lo comparto. Y hoy, con la poca experiencia que la vida me ha dado, entiendo que mi abuela también la padeció.

La primera vez que yo la sentí en carne propia fue cuando luego de 10 años trabajando en Telemundo nos dijeron “bye” a decenas de empleados. No solo perdí un empleo que me encantaba y bien remunerado, sino la convivencia con quienes hasta hoy considero grandes amigos. Luego volvió a atacarme durante mi divorcio, la inesperada enfermedad y muerte de mi madre….y así la cosa.

El no poder “flaquear”, llorar, berrear y patalear a gusto tampoco ayuda. Uno no puede darse ciertos “lujos” cuando se tiene que trabajar día a día. Como muchos, tuve que enterrar a mi madre un día y al tercero ya estaba “deambulando” en una sala de redacción. Luego un problema, y otro, y otro y otro.

“Dios está contigo” me han dicho almas caritativas, pero resulta que el deprimido no está falto de fe; está simplemente: deprimido.

“Otros tienen problemas más grandes” me han dicho por ahí también…¿Y qué? al deprimido le importan solo sus problemas no los de los demás. La mente del “enfermo” no comprende que doña Chana tiene hijos en la cárcel, lo único que le preocupa es que el suyo no tiene zapatos nuevos,¿Capish?

“Piensa en todo lo bonito que tienes” No se puede pensar. No se puede. No se puede. El deprimido no es un mal agradecido ¡por favor! ¿creen que no se sabe que se tienen cosas extraordinarias por las cuales vivir? La gente deprimida sabe que tiene cosas maravillosas alrededor, repasas y repasas esas bendiciones y aún así, nomás no puedes porque no se trata de ser un inconforme sino de un desbalance químico en el cerebro…¡piedad con el que sufre!

¿Que puede ayudar entonces?

En mi caso, mi personalidad me permite sanar relativamente rápido. Saco de mi ronco pecho lo que llevo dentro o de plano acudo a la ayuda médica. He aprendido a detectarla cuando llega y también cuando se va; pero hay muchos que no pueden ni siquiera identificar los procesos depresivos, la tristeza que te mata o la pereza que practicamente te impide funcionar.

Empecemos por no juzgar y por ser verdaderamente eficaces al intentar ayudar. ¿Que tal la recomendación de un buen médico? ¿O una sesión gratuita con un “coach” de vida? u ofrecer compañía, si es que te la solicitan o quizá un buen día de compras entre amigas (Patricia gracias mi Patty Pooh).

No abandonen, pero tampoco acosen a quienes no pueden levantar el corazón….

Y por favor…las oraciones…a Dios….

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