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Hace un año, Joe Carrillo, un investigador privado con el que he trabajado en varias ocasiones, me contó que él conocía muy bien a Michael Hernández, un jovencito que cumple una sentencia de cadena perpetua en una prisión del sur de la Florida, luego de haber asesinado a Jaime Gough, su mejor amigo cuando sólo tenía 14 años.

El caso ocupó titulares a nivel nacional por la brutalidad del homicidio. Hernández le pidió a dos de sus mejores amigos que le acompañaran al baño de su escuela pues quería enseñarles algo diferente. Uno de los chicos se fue, pero Jaime, confiando en su amigo, se quedó, sin imaginar que Michael sacaría de su mochila un cuchillo, lo degollaría y le daría alrededor de 40 puñaladas.

“Fue muy doloroso para nuestra familia. Michael era un buen niño, muy dulce, muy cariñoso. Nunca usó drogas, no tenía problemas de conducta, no era violento, no había roto ni siquiera un cristal”, me dijo Manny Hernández, su padre, quien decidió hablar conmigo al enterarse que la sentencia de Michael quedaba revocada luego de promulgarse una ley que establece que ningún menor de edad puede ser condenado a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional. Esta legislación significa una esperanza para la familia del joven que hoy tiene 23 años y lleva 9 en prisión.

“Es la mejor noticia que he escuchado en 9 años… Pasaron muchas cosas en su juicio que usted ni se imagina” me dijo Manny quien a sus 64 años ha visto minada su salud luego de lo sucedido con su hijo. Tiene un marcapasos, diabetes, artritis y problemas en un pie.

“Esa familia ha sufrido mucho Diana. Yo dediqué 5 años de mi vida al caso, a ganarme la confianza de Michael y a entender muchos aspectos de la historia. Ambas familias han sufrido muchísimo” me aseguró Joe Carrillo, un hombre al que Michael consultaba constantemente durante los intermedios en el juicio que se siguió en su contra en Orlando.

“Yo sé que si hubieran traído a Bin Laden le hubieran dado un abogado o 5 abogados o 10 abogados, no sé. ¿Cómo es posible que encierren a un niño de 14 años y le hagan preguntas y preguntas?… el niño pidiendo agua, que le den comida, que le den permiso para llamar a la casa…no, no, no….hasta que él confiesa” me dijo Manny, consternado aún por todo lo sucedido y por lo que él considera un fallo del sistema contra su hijo.

La familia Hernández estaba a punto de cumplir el llamado “sueño americano”. Estaban a sólo 6 meses de pagar por completo la hipoteca de su casa cuando sucedió esta tragedia que llevó a su hijo a prisión y a ellos a una situación económica difícil.

“Era un niño…pero lo juzgaron como adulto. Era un adulto, pero nos hicieron a nosotros pagar por su defensa como si fuera un niño. No tiene lógica”.

Como padre, Manny entiende el dolor de la familia de la víctima.

“Imagínese. Entendemos su sufrimiento, nuestro corazón está con ellos que perdieron a su hijo para siempre. Pero nosotros también perdimos a nuestro hijo. Es una tragedia para las dos familias”.

La familia Hernández quisiera que su hijo recibiese una evaluación siquiátrica y que pudiese purgar una condena recibiendo el tratamiento adecuado.

“Un niño normal no hace lo que el hizo, no mata a su favorito amigo, se lava las manos y se devuelve a la clase”.

-“¿Ya Michael sabe que su sentencia será revocada?”, le pregunté.

-“Si. Lo supo cuando yo se lo conté. Se puso muy feliz. Escuchamos un poco de música que yo le busco en youtube y se la pongo en el teléfono”.

¿Qué música le gusta?

-“Le encanta el grupo Blue October y su canción preferida es “Hate Me”. (Odiáme).

Este artículo fue publicado en Huffington el 27 de Marzo

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