Presos en El Salvador. AP

Toda mi vida he sido una fiel defensora de la pena capital. Si, si, la muerte. La tan polémica pena de muerte.

Creo firmemente en eso del “ojo por ojo”, especialmente cuando se trata de crímenes violentos.

¿Pagan justos por pecadores? Si, tristemente si, igual que algunos asesinos cometen errores al matar a un inocente ¿Es por eso justificable el error en condenar a quien no tiene culpa? No, por supuesto que no, pero…así es la cosa. Nada es justo.

Van a decirme bárbara y probablemente lo soy. Es más, me declaro humanamente incapacitada para perdonar actos crueles contra niños, jóvenes, embarazadas, ancianos, animales y demás especies vulnerables. Todos somos vulnerables, a todos nos pueden matar o asesinar a un familiar.

Pero tras años reportando casos de homicidios, desapariciones, violaciones, vejaciones, simplemente no puedo hacer otra cosa más que estar del lado de la víctima…de hecho de las víctimas.

Protagonistas de mis historias, a quienes hoy llamo amigos, me han contado con horror como asesinaron o violaron a sus hijos. Como esos crímenes transformaron para siempre sus vidas y como, aunque han intentado perdonar…simplemente no pueden. La fe se quebranta, los matrimonios se rompen, la vida entera se les vuelve imposible. No puedo entonces, más que intentar medianamente ponerme en su lugar. Créanme, pocos pueden de verdad ser empáticos con el sufrimiento ajeno.

He presenciado “juicios” donde los asesinos recapitulan como dieron muerte a golpes a jóvenes indefensos, mientras los padres de estos chicos tienen que sentarse a escucharlos una vez y otra vez y otra vez. Y luego, las apelaciones y nuevamente revivir el horror de los últimos minutos de vida de sus criaturas.

Una fotografía y los comentarios que se desprenden de ella me llevan a esta “meditación”.

Se trata de una imagen tomada en un penal de máxima seguridad en Zacatecoluca, El Salvador y distribuida por la OPPES/AP.

Miles se indignan por la “poca distancia social” y el hacinamiento de los reos. “Maltrato”, “inhumano”, “increíble” son algunos de los comentarios que leí. Pero resulta que se trata de hombres que están dentro de un grupo de sujetos altamente peligrosos y violentos. Si ninguno de ellos está enfermo (lo cual aparentemente es así) no entiendo el disgusto. Es una CÁRCEL DE MÁXIMA SEGURIDAD, no un jardín de niños. Y perdón, pero por algo están ahí y no trabajando en un banco o en una granja.

Me encantaría ver a todos los que se cortan las vestiduras por los “derechos humanos” manifestándose a favor de a quienes algunos de estos “caballeros” les han arrebatado a tiros a un hijo, violado a una hija, arrancado los ojos a una madre, y linduras por el estilo. Analicen bien la foto, los tatuajes de pandillas y bandas criminales hablan por si mismos. Por pura curiosidad periodística investigué que tipo de presos tienen en ese penal. No los queremos de vecinos, se los juro.

Lo he dicho y lo repetiré. Somos muchos unos hipócritas de quintísima categoría. Somos muchos una especie deplorable, somos muchos ajenos al dolor.

A mis amigos amados que han perdido a sus hijos por crímenes violentos les digo: los entiendo de corazón y ofrezco disculpas en nombre de la insensatez y la incomprensión.

Al que le toque un pelo a un hijo mío…cero patria…pura muerte…así me lleve la vida en ello…

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