Young woman walking through door, side view

Mi abuela era una mujer sabia, como todas las abuelas. “Hay que saber perder mija”, “y retirarse por la puerta de atrás”.

Durante mucho tiempo pensé que la frase de mi abuela no tenía nada que ver conmigo. Odio perder y jamás salgo por la puerta de atrás. Y es que ella también me decía “con la frente en alto, siempre”.
Pero los años, la vida y la experiencia me han llevado a entender de la mejor forma posible el verdadero significado de lo que mi abuela quería decirme.

Hay cosas o situaciones que simplemente no se dan. No importa cuánto esfuerzo se ponga, cuanto se luche, cuanta buena vibra se tenga. No van a suceder… nunca. Y no es por ser pesimista, al contrario, creo que se trata de saber utilizar de una u otra manera la inteligencia emocional y entender cuando hay que decir “adiós” a un proyecto, a un trabajo, a un matrimonio… al amor.

¿Para qué alargar una situación tensa? ¿Para qué seguir remando contra la corriente? Si bien hay que darse tiempo para ver si las cosas mejoran, es igual de importante reconocer cuando simplemente, no hay tiempo para más.

Y entonces emprender una retirada discreta y en silencio.

“Cuando no quieres que nadie te mire, que nadie se entere, que no se haga leña del árbol caído…vete por la puerta de atrás. Si lloras nadie podrá verte, si sufres, sólo tú lo sabes”

Mi abuela tenía razón y durante mucho tiempo he aplicado su filosofía de vida a la mía propia. Y me ha tocado decir “hasta aquí llego” y marcharme calladamente como seguramente muchos lo han hecho.

Mucha gente también cree en que “para atrás…ni para coger impulso” y yo soy la prueba fehaciente que a veces hay que dar marcha atrás cuatro revoluciones para recuperarte, reencontrarte, levantarte y entonces volver a ser quien fuiste…por la puerta de atrás entonces….para volver con más fuerza que nunca.

Este artículo fue publicado en Huffington el 11 de diciembre del 2013

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