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“No te ofendas pero….” Cuando alguien te empieza a decir algo así sabes que seguramente saldrás ofendido. Solemos inmisericordemente meternos en la vida de los demás a veces excusándonos en que somos amigos o lo decimos “por tu bien”.

Pero la realidad es que pocos reaccionamos favorablemente a la crítica. De hecho, a nadie nos gusta que nos digan nuestros errores y mucho menos nos canten los defectos. Si el que te habla es alguien muy cercano pues quizá la llamada de atención pueda tener un efecto positivo, pero cuando este no es el caso pues la reacción puede ser catastrófica.

Tal vez porque mi trabajo está expuesto al público, soy blanco de críticas y elogios constantes. Intento no poner mucha atención a ninguno de los dos porque me parece que se tratan de perspectivas personales. Por supuesto un halago se agradece pero hasta de ellos hay que cuidarse porque de creérnoslos estaremos sembrando una mala cosecha.

“Estás muy maquillada”, “Te ves muy flaca…no me gusta”, “Oye…no se te ve bien ese color”. La gente se siente con el derecho de criticarte sin saber porqué estás muy maquillada, flaca o vestida de azul.

La paciencia con extraños es una de mis virtudes pero hasta a un santo logran sacar de sus casillas. ¿Qué hacer entonces cuando nos critican?

A mi me funciona la técnica del “di lo que te venga en gana que voy hacerte caso omiso” a menos que de verdad me pongan a pensar en lo que me “aconsejan”. Si la crítica persiste agradezco el comentario y decentemente les pido que no vuelvan a decirme nada. Así de sencillo.

El flaco sabe que está flaco y el gordo que está gordo. Si se visten de tal o cual manera es porque les viene en gana. Lo mismo pasa con la forma en que te peinas o te pintas las uñas.

Dicen por ahí que “en boca cerrada no entran moscas” . Mantener los labios pegados uno a otro es a veces la mejor manera de ayudar a aquel que no te ha pedido consejo.

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