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La muerte a tiros de la periodista Alison Parker y su camarógrafo Adam Ward en Virginia fue un verdadero reality show “espeluznante”. La joven realizaba una transmisión en vivo cuando un sujeto les disparó a quemarropa. Muchos medios empezaron su cobertura asegurando que el ejercicio de su profesión era tan peligroso que la había llevado a la muerte, tergiversando el verdadero meollo del asunto.

Yo también soy reportera de televisión y realizo transmisiones en vivo. No hay ningún peligro en eso a menos que estés en una zona de guerra, o en un conflicto entre pandillas. Parker y Ward murieron simple y llanamente porque un desgraciado resentido con la vida quiso asesinarlos en venganza, porque lo habían despedido de la estación donde los muchachos trabajaban. Eso es todo. Ha ocurrido en otras profesiones. Carteros, taxistas desempleados, y hasta profesores han llegado a matar a sus excompañeros porque tienen serios problemas emocionales.

Me ha causado un profundo dolor pensar que estas vidas jóvenes se perdieron por celos profesionales, resentimiento, una profunda envidia, y por supuesto, una mente desequilibrada. En mi profesión, como en cualquier otra, nunca falta el intrigante y cizañoso, aquel que no está conforme con su puesto y sus oportunidades. Buscan problemas y pleitos.

Mientras veía las terribles imágenes de la joven y su camarógrafo siendo baleados pensaba en mis propias circunstancias y espero que de alguna forma se hayan sentido acompañados uno a otro en sus últimos momentos. Deseo que sus familias encuentren consuelo pensando en que murieron haciendo lo que amaban y que no estaban solos.

En mi vida profesional Dios me ha bendecido con extraordinarios compañeros de batalla. Un reportero televisivo pasa más tiempo al lado de su camarógrafo que de su pareja o sus hijos. ¿Se imaginan el nivel de empatía que existe entre los dos? Los míos me han visto reír, llorar, cantar y pegar de gritos. Me han consolado en momentos de angustia, me han matado el hambre y el frío… literalmente. Por lo general, los camarógrafos son varones, verdaderos caballeros dispuestos a defender a su “pareja profesional”. Al menos yo he tenido la maravillosa dicha de llamar a varios de ellos mis amigos.

Siempre una palabra amable para mí, un café por las mañanas, un dulce mexicano y hasta discos de mis cantantes favoritos. Espero ser tan buena compañera como ellos lo han sido conmigo. No me quiero morir reportando una noticia pero, si acaso así estuviera escrito en mi destino… sería un honor morir al lado de cualquiera de ellos.

Este artículo fue publicado en Huffington el 30 de agosto del 2015

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