México…El Tajín

Desde que tuve conciencia, me sentí orgullosa de mi mexicanidad. Mi madre inculcó en mi ser un profundo amor por mis raíces autóctonas. En los 90, por azares del amor, llegué a vivir a San Diego, en California, una ciudad fronteriza que me recibió con los brazos abiertos.

Viví la revoltosa época de la propuesta 187 con el gobernador Pete Wilson y entendí que poco a poco estaríamos entrando a un punto de no retorno.

“Di no al PIT” decían pancartas en aquella línea para cruzar la frontera San Diego-Tijuana. Igual que El Paso, TX, se trata de una ciudad bi nacional, bi cultural y bilingüe.

No obstante, un sentimiento anti inmigrante empezaba a proliferar. Luego, llegué a Miami, la capital de aquellos que buscan refugio huyendo de las miserias latinoamericanas.

Me sentí en casa durante muchos, muchos años hasta que poco a poco vi lo que ya había visto en California: la
mala leche contra los inmigrantes. Documentados o no.

Aquí, en la capital del sol, donde abundan los que vienen de otras tierras me han dicho toda clase de insultos a través de mensajes vía redes sociales y una señora de atrevió a decírmelo en un restaurant español.

“India, wet back, pollera, mexicana, indígena. ¡Vuelve a tu país tira flechas!”. Lo más triste es que los insultos vienen de otros tan inmigrantes como you cuyas raíces no son precisamente nórdicas.

Soy ciudadana americana desde hace más de 20 años y he adoptado a esta patria como mía. Aquí nacieron mis hijos, aquí pago mis impuestos y aquí he decidido vivir hasta que me venga en gana. No me he ido, porque al igual que muchos amo el concepto de una tierra libre.

He recorrido El Paso, TX en múltiples ocasiones, he estado en el Cielo Vista Mall y en ese Walmart trágico compré mis primeras casitas navideñas en 1992.

Fui y vine de Juárez en medio de la alegría y la peligrosidad y fue precisamente en esa frontera donde crucé llena de sueños para hacer un futuro aquí.

“American” le dije alegre al agente migratorio. Nunca olvidaré la fecha 12 de diciembre de 1992. El día de la virgen de Guadalupe.

Pase lo que pase, digan lo que digan, hagan lo que hagan, nos seguiremos sintiendo orgullosos de ser mexicanos. Nos apunten con armas o palabras hirientes y altisonantes, aquí seguiremos porque esta ha sido nuestra tierra siempre. Si lo dudan, remítanse a los libros de historia americana.

Al escuchar que el autor del tiroteo en El Paso, tenía como blanco matar mexicanos tuve sentimientos encontrados.

¿Qué le hemos hecho? Pensé con tristeza ¿Porqué nos odia? Pero luego entendí que son personas enfermas de MALDAD. Y contra eso, nada puede hacerse.

No tengamos temor de ser hispanos y hablar el idioma de Cervantes o nuestra herencia española.

Defendamos desde nuestro pequeño mundo el indiscutible derecho que todos tenemos: vivir en donde se nos pegue la gana…

Descansen en paz mis mexicanos queridos. Y todo aquel que ha muerto en estos horrorosos días…

Soy india y guadalupana…y jamás me había sentido más orgullosa de serlo. ¡Verdá é Dios!

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