Vamos a ver. El cien por ciento de las mujeres que conozco ha tenido uno o más episodios de violencia sexual, sicológica o laboral por parte de un varón. Y sí, dije el cien por ciento. Lo siento por todos los caballeros decentes del planeta.

Absolutamente todas las mujeres tienen una historia que contar de abuso, maltrato, intento de violación o acoso. Amigos, jefes, familiares, novios…la lista es interminable.

Detesto subir al transporte público porque me recuerda las dos ocasiones en que estuve a punto de ser violada en la ciudad de México. Fue verdaderamente traumático. Yo volvía de un trabajo escolar y no provoqué a nadie. Corrí como loca en medio de la calle a unas cuadras de una estación de metro con un tipo persiguiéndome con sus genitales expuestos. Ya se me había abalanzado y dicho cochinada y media, solo que pude safarme para huir despavorida. “¡Te voy a violar y luego te mato hija de la chingada!” me gritaba. Yo tenía 19 años. Unos muchachos en un vehículo fueron mi salvación. Literalmente me subí a su carro con el terror en la cara. Mi tío me regañó a mí. “Para que andas sola en la calle”.

Luego, trabajando en un periódico capitalino me ofrecieron ayudarme a conseguir un ascenso si me ponía “buena onda”. Acusé a mi acosador con mi supervisor quien me dijo “así es él. Tú dile que no y ya”. Mi jefe me movió de mi puesto a otro departamento “para que no le causes problemas”.

Años después, renuncié a un canal de televisión local por acoso laboral y de género. Me queda la satisfacción de haber denunciado el abuso ante “recursos humanos” y en el departamento del trabajo que se negó a investigar por falta de recursos. Tengo la copia de la denuncia guardada en mi casa por si la llego a necesitar. Me muero de ganas por decir sus nombres pero dirían que es ¡venganza! Habría que pagar la contratación de un abogado y pasar horas en Corte. Mi prioridad es buscar el pan para mis niños. Los abusadores siguen trabajando ahí acompinchados. Todos tienen hijas. ¿Verdad que dan asco?…

Me ha tocado junto con decenas de mujeres tener que escuchar a tu ACOSADOR decir: “no me gustas como mujer”, “era broma”, “no aguantas nada”, “malinterpretaste mi intención” etc, etc, etc. “¿Quien va a acosar a esa gorda, vieja, fea?” Y cuando miras al ACOSADOR es ejemplo vivo de lo que critica.

Presentadoras de televisión, reporteras, mujeres del servicio, maestras, contadoras, abogadas, juezas y hasta una taxista han compartido conmigo sus experiencias.

Estoy hasta la verdadera madre de escuchar ¿Por qué no lo denunció? ¡Porque cuando denuncias nadie te cree! Y les puedo asegurar que es muy cabrón lidiar con la situación. Una vez se enteran que denunciaste te hacen la cruz. Tus mismas congéneres te ven como la peste. Me considero una mujer valiente, pero reconozco que no ha sido fácil ir y presentar una queja o denuncia a la policía por acoso e intimidación. Lo he hecho, no me lo van a contar. Y tengo pruebas de lo que digo.

4 mujeres en mi familia fueron violadas y me narraron su historia años después en medio de la vergüenza. Sus violadores eran parientes cercanos y un doctor. “¿Quien iba a creerme a mi?” “Yo era solo una niñita y él, el doctor del
pueblo”.

Una de mis compañeras reporteras en un centro laboral me dijo “ya no sigas, el pobre tiene mujer e hijos”. Después supe que ella se acostaba con el miserable ese y todavía tiene su empleo, quien sabe a costa de qué. Bueno, si sé. Operación colchón.

El caso es que uno puede o no creerle a una persona, puede o no pensar que tiene fines políticos, puede o no pensar que es oportunismo, puede o no pensar que se está dejando manipular.

Lo que no podemos como sociedad es seguir preguntando “¿Por qué no denunciaste?” “¿Por qué tardaste tanto?” “¿Por qué lo permitiste?”…

Cuando se nace mujer, esas preguntas sobran….

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