Couple petting on bed

Canciones, versos, frases, películas, libros….se habla de él de mil maneras. Lo describen como perverso, infame, doloroso, tormentoso, dulce, sacrificado y eterno. Es el amor imposible.

¿Quien no ha suspirado alguna vez profundamente por un amor que simple y llanamente no puede ser? Por lo general estos amores se viven en la adolescencia, o al menos eso pensaba yo, hasta que llegué a la década de los cuarenta y descubrí que ese monstruo que te quita el sueño y puede llevarte a la locura se mete dentro de ti trastornando tu existencia con más fuerza…cuando se piensa que ya se han superado esas congojas de los años jóvenes.

En esta etapa de mi vida, descubrí que muchas de mis amigas y amigos se han enamorado profundamente de personas casadas o comprometidas. Otras de personas mucho más jóvenes y otras de seres que simplemente no corresponden a su amor… y ese duele más.

Nada les impide amarse, no hay terceras personas en el medio, ni nada que se interponga en el camino…. pero el amor no se da porque llegó a destiempo, porque se acabaron las ganas de tener una pareja o porque ya no se cree en el amor.

Y pasan los días, los meses y los años…. queriendo por dentro, el corazón ardiente, los ojos tristes. Viviendo en medio de la sosobra y la penumbra.

Entonces se hace el milagro, Dios te escucha y llega a ti un nuevo amor, uno que te devuelve la esperanza y la alegría, la ilusión de saber que hay alguien ahí afuera, pensando en ti.

Entonces descubres que finalmente te has curado de ese embrujo embriagante. Nuevamente te entregas con todo, con fuerza, sin reservas.

Tu amor imposible pasa entonces a un rincón de los recuerdos, en la memoria del corazón, en las palabras que no se dijeron, en los besos que no se dieron… En las noches que nunca vieron… Un amanecer.

Este artículo fue publicado en Huffington el 8 de diciembre del 2013

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