Cuando alguien me habla de una ruptura amorosa me uno a su pesar.

Ese “malestar romántico” lo deja a uno medio aniquilado.

“Me duele el cuerpo y la cabeza. Tengo una opresión en el pecho y siento hasta temblorina” me han dicho en más de una ocasión aquellos que sufren del mal de amores.

Yo misma lo he experimentado y supongo que muchos de ustedes también. Uno siente entre coraje y decepción, entre pena y disgusto.

Generalmente yo recomiendo unas buenas dosis de “clavos nuevos” para reparar el alma. Seguramente no se va a sanar, pero digamos que son un paliativo para esos malos momentos. A mi me funciona perfecto. Es la receta ideal para continuar sabrosonamente sin pensar 💭 en lo que no sirvió. A lo que sigue.

“Ay no Dianita, no puedo. Siento que le estoy siendo infiel. Si, si, es una tontería pero…no lo puedo evitar”.

¿Por qué sentimos las mujeres que somos “infieles” al salir con otro si ya no tenemos pareja oficial? ¿En serio? ¡Pues sí! alucinantemente cierto.

“Hay una conexión con el que fue la pareja difícil de destruir. Emocionalmente no se está listo. No todos son como tú” me dijo una sicóloga a quien le pregunté sobre el tema.

“¿Yooooooooo? Yo soy soltera mi querida galena. Voy libre por el mundo y mientras no tenga un compromiso con nadie hago lo que me place” la doctora levantó el pulgar en señal de aprobación.

Pero la realidad es que muchos no se sienten bien con el refrán popular de “un clavo saca otro clavo” así que si no se sienten bien de talacheras o haciéndole al “handyman” entonces intenten quererse más.

Repitan constantemente “Me quiero, me amo, me adoro…¡y hasta me vuelvo loco!”…

Vamos vamos mis valientes…

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