Diego, Angela y yo

Diego, Angela y yo

Cuando me vi sola en el departamento con mis hijos, pensé: “Me desquicié”. En menos de 3 meses mi matrimonio de 20 años se fue al traste y con ello todos los sueños que había construido. Tuve que salir de la que había sido mi casa por más de una década y de plano reinventarme a nivel emocional y económico.

Nunca quise ser una madre soltera. Valoro profundamente a esa grandes mujeres pero, el asunto como que no me venía muy bien a mi. Retrasé durante mucho tiempo la llegada de los hijos forjando el matrimonio perfecto para entonces según yo, ofrecerles a ellos los mejores padres.

Pero bien dicen que uno pone y Dios dispone. Sin más me vi con la responsabilidad total del cuidado de Angela y Diego que en ese entonces tenían 8 y 5 años. Mi ex marido vive en otra ciudad y aunque cumple con sus obligaciones monetarias no puede ser parte del día a día en la vida de los niños. Así es esto, ni modo.

Fantásticas oportunidades profesionales han pasado por mi cara y las he visto partir sabiendo que no volverán pero que, adiós he dicho priorizando mi familia.

Confieso que me he quejado amargamente al cielo en momentos de desesperación cuando por ejemplo se enferma uno de mis hijos y tengo que dar la cara al jefe, o cuando he tenido que salir corriendo del trabajo porque Diego tuvo problemas en la escuela, ni hablar del día en que la nana no pudo aparecer en casa o cuando me quedé atorada en el tráfico un día que cubrí una historia en Miami Beach y nadie pudo recoger a Angela que esperaba en el colegio hambrienta y muy molesta. Las maestras me esperaban con cara de “qué poca madre” y así me sentí. Muy poca, insuficiente e ineficaz.

En múltiples ocasiones he llorado desconsoladamente acompañada exclusivamente de las canciones nostálgicas que pongo en el auto mientras intento no pegar de gritos a otros conductores que me miran con curiosidad, en ese intento fallido de cumplir con todo: madre, amiga, chofer, enfermera, sicóloga, tutora, lavaplatos, mucama y demás. Eso, luego de largas jornadas laborales. ¡Cuantas veces he estado a punto de tirar la toalla! Pero como buena mexicana, me doy valor y sigo. Aquí no hay tiempo para llorar las noches tristes.

Han pasado 5 años desde que decidí caminar en solitario con mis hijos amparada de Dios y de la Virgen a quien encomendé mi casa. Y como ellos no fallan, aquí seguimos.

Con todo lo complicado que a veces me resulta sobrevivir en esta jungla bendita, amo a mi familia de 3…que como bien dice mi niño es ¡de diez!

#familyfirst #maternidad #padres #hijos #periodismofemenino

Recommended Posts

Leave a Comment