“Eres amo de lo que callas y esclavo de lo que dices” ¡amo hablar y ser esclava!”

Diana Montaño

Soy, definitivamente una persona visceral. O sea, mis visceras definen mis acciones. No me siento necesariamente orgullosa de ello, pero siempre me ha funcionado a la maravilla para mi propia “sanación”.

Mi particular estilo jarocho, sabe recordar progenitoras en el momento perfecto. Lo siento por las progenitoras, bueno, en realidad no lo siento, ¡quien las manda dar semejantes frutos! Ya recibiré yo mis recuerdos en las acciones incoherentes de mis retoños. ¡Cest’ la vie!

La mayoría de las personas recomiendan “pensar antes de actuar, hablar o escribir”. “Tómate un tiempo para ver qué respondes” o “no te rebajes, no vale la pena”.

Yo hago lo opuesto. Las mejores decisiones de mi vida las he tomado en circunstancias de gran disgusto o decepción. Soy de aquellas que no se callan y que dejando de lado cualquier educación dice lo que le sale del alma…o el hígado.

Me he largado de un trabajo, he terminado con amistades y hasta decidí divorciarme en medio de una discusión…porque pretendían correr de mi casa a mi perrita. No soporto la injusticia ni los malos tratos. No puedo con la imbecilidad.

Por eso, saco de mi ronco pecho mi molestia y repito el mantra mexicano “¡a la chingada!”.

Por cierto, la preciosísima palabra ya está aprobada por la real academia de la lengua española y define: “lo que está mal”, “pésimo” o “de paseo”. Ya pueden repetirla sin sentirse groseros (😛😛😛😛)

Luego, paso a la relajación, la aceptación, el olvido o la indiferencia. Depende de mi estado de tripolaridad.

Soy una mujer caótica. En mi cerebro maquino, maquino, maquino…y luego la paz total.

Dicen que uno es “amo de lo que calla y esclavo de lo que dice” entonces a mi me gusta ser esclava. Suelo arrepentirme de lo que he callado y nunca de lo que he dicho. “Debí decirle que…” ¡nunca! ¡jamás!

Por eso, los invito a hacer, escribir, plantear o gritar lo que les venga en gana…a todo aquel que los ofenda, maltrate o humille. No se queden con las ganas y su “buena educación”. A veces, hasta un favor se le hace a aquel atrevido para que quizá no repita su conducta malévola.

PD: Mantras mexicanos para alcanzar el “nirvana”: “¡a la chingada!”, “no es mi pex”, “¡a la verssssshhhh!”, “hijo de tu re….”

¡Que el lindo idioma de Cervantes siga floreciendo día con día!

¡Buenos días my dears!

Me siento muy muy muy castiza…

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