“Protección y seguridad” le dije al hombre sentado frente a mí, mientras lo miraba esperando su reacción. Para que no notara que ni yo creía mis palabras, le di un trago a mi moscato.

Y es que, había decidido cambiar la técnica.

“Tu problema es que les dejas saber que no los necesitas y a los hombres les gusta eso: sentirse hombres” me dijo una buena amiga a quien conté mis decepciones amorosas.

“Ellos son ‘cazadores’ por naturaleza y buscan ‘cazar’ la presa. Si te muestras sensible y delicada les vas a encantar, pero si de entrada les hablas de independencia…uy mi’jita huyen” me dijo otra.

Yo pensaba que ser independiente era una especie de virtud, pero aparentemente me equivocaba.

“Así que usted ‘fragilita, fragilita’ y ya verá” agregó otra de mis congéneres.

El hombre con el que tuve la cita reaccionó.

“Wow, ¡qué raro! Te ves una mujer bien fuerte y decidida. No me parece que necesitas de nadie y creo que tu solita sales adelante como puedas…o quieras”.

Estuve a punto de soltar la carcajada pero siguiendo consejos femeninos hice mutis.

“Ummmm, no lo parezco pero…estoy hecha de cristal”.

El tipo no se aguantó y yo también me reí. Pa’l carajo. En verdad no sirvo para hacerme la idiota. Admiro a quienes tienen el don de la conquista masculina. Yo simplemente soy como soy. Una madeja de ideas raras, una doña hiperkinética en cuerpo, mente y espíritu.

“Mira my dear, la verdad yo solo busco buena vibra y buena onda. Horas de sana diversión y perverso esparcimiento. Buenas charlas, buena cama y un buen vino. El tiempo que dure me parece magnífico. Eso sí, nomás no me quieras engañar porque va a estar canijo y suelo convertirme en una pantera jarocha ante el engaño y la deslealtad”. Sentí alivio al decir “mi verdad”.

“¡Yo también!” Me respondió.

“Ya no quiero, ni puedo ‘proteger’ a nadie porque durante toda mi vida me cargaron la mano. Mi madre, mis hermanas, mi esposa. Salí huyendo de mi ex mujer a la que había que cuidar y rendir pleitesía eternamente. Conquistar y conquistar mientras a mi no me daban ni las gracias. No me gustan las mujeres de cristal” me dijo mientras guiñaba un ojo.

La tarde se fue muy rápido. Una segunda cita, una tercera.

“Dianita, estoy adentro del mall. ¡Vente, vamos a platicar! ¡Ya estoy pidiendo tu moscato!

Nada más excitante…que lo impredecible…

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