Mis amores, Diego y Ángela


La llamada de una buena amiga me desbarató el corazón. Me informaba con tristeza que una joven de apenas 20 años había sido encontrada muerta este domingo a causa de una sobredosis de droga.

La muchacha fue protagonista de una de mis historias para America TeVe. La misma amiga me llamó hace 6 años para decirme que la hermana de una de sus empleadas estaba desaparecida y necesitaban ayuda para encontrarla.

La familia estaba angustiada. La chica tenía 14 años y 3 días fuera de casa. No sabían nada de ella. Estando ahí, entrevistando a su familia regresó “como Pedro por su casa”. Así nomás apareció. Nadie la regañó, nadie le reclamó, ni le dijeron nada.

Yo estaba impactada ante la actitud de la madre. “Gracias a Dios ya volvió” me dijo como temerosa de la reacción de su hija. Micrófono en mano ataqué a la jovencita con preguntas.

“¿Dónde estabas? ¿No te dan pena tus padres? ¿Por qué te fuiste? No me quiso contestar y la grabé mandándome al carajo.

Tiempo después mi amiga me volvió a llamar para contarme que la muchacha estaba embarazada. El padre de la criatura estuvo en la cárcel y luego salió. Por supuesto el niño ha sido cuidado por los abuelos, los padres de la muchacha. Hoy se queda huérfano. Para desgracia mayor tiene una discapacidad.

“Esa pobre va a acabar muy mal” le dije a mi amiga.

Tristemente tengo una boca maldita. Generalmente lo que digo resulta cierto. “Piensa mal y acertarás” dice el refrán. Nunca falla. No fue premonición, la lógica habló por sí misma.

Poco a poco me enteré que la muchacha jamás tuvo disciplina por parte de sus padres que simplemente no pudieron nunca meterla en cintura.

¿Estaría viva si le hubieran dado una buena nalgada a tiempo? ¿Estaría viva si como les sugerí la hubieran metido a un ‘boot camp’ para chicos problemáticos? ¿Estaría viva si como les aconsejaron miembros de su propia familia la hubieran recluido en un centro de rehabilitación? La lógica también me indica que si.

Pero cuando permites que tu hija traiga uñas postizas a los 10 años, se pinte como PIRUJA a los 12, salga sin pedir permiso a los 13, te conteste, te rete, te grite estos son los resultados.

Señores y señores de mi vida, Dios no nos dio hijos para presumirlos en las redes sociales o para apadrinar sus imbecilidades juveniles. No nos los dio para hacernos sentir orgullosos. Tampoco nos permitió engendrarlos para jugar al “amigo buena onda”.

Tengan PIEDAD de sus hijos y eviten que terminen hechos unos malandros o como en este caso, MUERTA. Ya no hay remedio. Ahora a gemir sobre su ataúd.

No dudo que haya padres extraordinarios que aún haciendo de todo sus hijos toman el mal camino, pero al menos al mirarte al espejo no puedes reprocharte “no lo supe criar”, “no le corregí”.

Mi abuela solía decirle a mi mamá:
“Más vale que llore…y no que le llores” cuando mi implacable mamacita me metía freno y pedal con toda su humanidad. Con mi madre NO, siempre fue no.

¿Cuántos de nosotros nos habríamos ‘perdido’ de no ser por el coscorrón, la chancla, el permiso negado, la vigilancia, el escrutinio de tus ‘amigos’ o la negativa a tu privacidad?

Tengo anécdotas maravillosas del amor profundo de mi madre demostrado con mano dura. Y las de mis amigos cuyos padres eran capaces de raparlos a wiwi solo por traer el cabello dos pulgadas más largo de lo “decente”. O la
de mi propio padre que un día me descubrió unas revistas llamadas “Jazmín” que narraban tremendas aventuras sexuales y simplemente las desbarató y las tiró. “En mi casa no se leen cochinadas” me dijo en ese entonces.

Hoy, ¿A cuantas cochinadas en la música, las series de televisión, las películas, la Internet están expuestos nuestros hijos?

Que el ejemplo de esta vida perdida a lo imbecil nos sirva a todos para no BAJARNOS del maravilloso pedestal en el que nos puso Dios. El de la MA o PATERNIDAD.

Ser padre o madre soltera no es excusa.

Descansa en paz niña…

Con cariño y sentimiento para todos los que nos decimos padres…

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