In this undated handout image released by the Miami-Dade State Attorney's Office, shows Nubia Barahona. A judge has delayed ruling on whether a South Florida couple accused of killing Nubia, their adoptive daughter, will be tried together or separately.   (AP Photo/Miami-Dade State Attorney's Office, HO)

Hace unos días, mientras conversaba con varios amigos surgió el tema de un homicidio ocurrido en Miami, el asesinato de Nubia Barahona a manos de su padre adoptivo. La conversación enfatizó en las grandes fallas del Departamento de Niños y Familias del estado de Florida (DCF).

El 14 de febrero del 2011, el cuerpo de la niña, de sólo 10 años de edad, fue encontrado envuelto en una bolsa de basura dentro la camioneta de su padre adoptivo. El cadáver estaba descompuesto y cubierto de químicos, posiblemente pesticidas. Su hermano gemelo, estaba también dentro de la camioneta, pero afortunadamente sobrevivió al abuso. Jorge y Carmen Barahona fueron acusados de homicidio en primer grado, abuso infantil y negligencia y podrían encarar la pena de muerte en caso de ser hallados culpables.

El Departamento de Niños y Familias del estado de Florida, entidad encargada de proteger y defender los derechos de los niños floridanos, encaró entonces uno de los peores escándalos de su historia pues se supo después, que a pesar de haber recibido denuncias anónimas de maltrato por parte de los padres adoptivos a estos niños, no pudieron evitar una desgracia de esta magnitud.

“Ese departamento debería desaparecer…no hacen su trabajo” me aseguró una amiga productora de televisión.

“Son buenos para cobrar el sueldo, pero en realidad no les importan los niños ni lo que pueda pasarles” me dijo otra persona.

A mí me ha tocado cubrir no sólo el caso de Nubia Barahona, sino muchos otros casos que involucran al DCF y aunque seguramente pareceré el abogado del diablo, las cosas no son tan fáciles.

Una persona que trabaja en la organización y quien me pidió no revelar su nombre, me dijo en algún momento en que critiqué al sistema: “La realidad es que no contamos con el personal suficiente para cubrir tantos casos. Un solo investigador debía hacerse cargo de más de 15 casos, mientras en otros estados un agente sólo tiene a su cargo 5 o 6 casos a la vez. Lo sucedido con Nubia puso presión al gobernador y a otras autoridades y eso está cambiando”.

Mi fuente también me aseguró que, lamentablemente, el sueldo de los investigadores no es motivador y que terminan empleado a personas que quizá no tengan la capacidad real de hacer un trabajo tan difícil como ese.

“Muchas veces nuestros agentes, en su mayoría muy jóvenes, tienen que aparecerse en las casas de estos niños en la madrugada y enfrentarse a sus padres quienes no quieren dejarlos ir. Los niños se ponen muy mal al ser separados de sus papás y eso crea una situación muy triste y desagradable que el investigador debe manejar”.

“Otro grave problema es que si, es cierto, se reciben muchas denuncias anónimas, pero en muchas de estas denuncias no se dan datos que permitan hacer una buena investigación como sería, por ejemplo, dar nombres y apellidos, la dirección exacta, algún contacto para verificar que lo que se dice es real”.

Efectivamente considero que el DCF tiene grandes fallas, pero ¿no es quizá demasiado pedirle a una entidad que en realidad debería nutrirse de la comunidad?

“Poca gente quiere ser padre sustituto”, continuó mi fuente. “Pocas personas están dispuestos a hacerse cargo completamente del cuidado de un niño por semanas, meses o años, dependiendo del caso, para que al final ese niño no sea parte de su familia. Se requiere de un cierto tipo de personas dispuestos a hacer esa labor y a veces si, los niños terminan en casas donde los padres sustitutos cuidan de otros niños y quizá no son los más adecuados, pero son los que quisieron hacerse cargo de ellos”.

Las explicaciones de esta persona me abrieron los ojos a un problema mucho más grande dentro del Departamento de Niños y Familias y es la falta de recursos para esta entidad que debería ser a mi pensar, prioridad para el estado, la falta de padres sustitutos que tengan la verdadera capacidad de cuidar de un menor y sobre todo, la falta de personas dispuestas a adoptar no sólo bebés, sino niños mayores de 5 años que entre más crecen, menos probabilidades tienen de encontrar una familia que los quiera para siempre.

Ya basta de acusar sólo a las autoridades, ¿estamos realmente nosotros como comunidad aportando lo que nos corresponde para evitar este tipo de abuso infantil? Creo, que al final de cuentas, de una u otra manera, la culpa de la trágica muerte de Nubia…la tenemos todos.

Este artículo fue publicado en Huffington el 13 de marzo del 2013

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