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-“Por favor…encuentre a mi hija”.
Alejandro Morilla no sabía a quién más llamar ni pedir ayuda luego de detectar la desaparición de su hija Giselle, una joven de 20 años con discapacidad mental y problemas en el habla. Según le contó a Joe carrillo, un investigador privado de Miami, la joven no había vuelto a su casa desde las 6:40 de la mañana del lunes 1 de abril. Se suponía que la joven se había subido a un autobús en Miami para ir a una escuela donde aprende cursos que le ayudan en sus actividades diarias.

La noticia de la desaparición de Morilla se había publicado en varios periódicos de Miami y en canales locales de televisión. El caso era conmovedor porque se trataba de una joven cuya mentalidad es la de una niña pequeña.

-“Diana, me llamó el padre de Giselle Morilla, la joven desaparecida. La voy a encontrar”.

Carrillo, con el que he trabajado muchos casos de niños desaparecidos, me comentó que los padres, desesperados lo habían llamado. Estaba dispuesto a trabajar gratis para encontrarla. Aunque la policía estaba buscándola, la chica no daba señales de vida.

El miércoles a las 7 de la mañana, Joe llegó a casa de Giselle para tener pistas que le llevaran a recuperar a la joven.

-“Le pedí a Pablo Díaz, otro detective que trabaja conmigo y que es un experto en obtener documentos del gobierno que me ayudara en el caso. Como el último dato que teníamos era que se había subido a un autobús, pensamos que podríamos localizarla a través de la ruta” me dijo.

Poco después el detective me llamó para contarme que ya estaban tras la pista de un individuo de 25 años que aparecía en el record telefónico de Giselle. Pero honestamente, y aunque jamás he dudado de la capacidad de Carrillo, no esperaba una noticia que me dejó con la boca abierta.

-“La encontré. Voy a llamar a su papá” me dijo sólo una hora después de que habían obtenido los records.

Todos los que son padres podrán imaginar la emoción que se siente al recibir una noticia como esta. Yo, aparte de ser muy sentimental, me siento sumamente identificada con la causa de la recuperación de niños desaparecidos y me he comprometido a través de mi trabajo a ayudar a encontrar a todos los que sean posibles.

-“Gracias Dios mío…gracias” lloraba Alejandro Morilla el padre de Giselle, en una imagen televisiva obtenida en exclusiva por el canal 41, América TeVe. Mi colega, Erika Carillo, estaba presente con una cámara de televisión siguiendo la historia que yo vivía con Joe a través del teléfono.

-“Este hombre…este hombre encontró a mi hija…que Dios lo bendiga” afirmaba Morilla mientras abrazaba al investigador.

La jovencita, con una gran sonrisa, no parecía entender mucho la angustia en la que había metido a su familia ni los peligros que ella había corrido al irse con un hombre al que conoció a través de una red social y al que lamentablemente la policía pretende no hacer cargos porque Giselle, aunque tienen serios problemas mentales, es mayor de edad.

-Dime Joe…¿qué sentiste cuando viste a la niña? Le pregunté.

“Cuando encuentro a un niño o una joven desaparecido, de inmediato me viene a la mente su familia, sus padres y pienso en la alegría que van a sentir cuando les diga que lo he encontrado. Después cuando estoy en casa, sentado, pienso en que logramos el objetivo y entonces, me siento…muy bien”.

Este artículo fue publicado en Huffington el 11 de abril del 2013

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