Si, confieso que durante 4 largos años tuve una enfermedad ? crónica. Una especie de virus que se instaló en mis sentidos y que empezó a envenenarme el alma.

Nunca, en toda mi vida yo había sentido tal animadversión por alguien. Si bien Trump siempre me pareció patético, me daba igual su persona en los realities shows o en las portadas de las revistas de sociedad mostrando su dinero y sus mujeres. Sus casas ostentosas me parecían de mal gusto, como todo lo que le rodea, pero, pensé que solo era un rico excéntrico y loco. No me equivoqué, solo que me quedé corta.

Incluso cuando lanzó su candidatura me pareció puro show.

Pero jamás olvidaré aquel día en que llamó a los mexicanos violadores y criminales. O sea ¡nos comparó con él! Y eso si que me ofendió. Escribí, defendí, discutí el tema con quien me prestó tribuna. “Hijo de la…quisieras tener sangre ? azteca y ser heredero de Tenochtitlán”…pero solo eres un miserable con dinero.

Luego, públicamente quedó demostrado su desprecio a las mujeres, a los inmigrantes (legales o no) a los discapacitados, a los gays y a todo aquello que no cupiera en su nivel de “perfección”.

Por alucinante que parezca, el sujeto ganó las elecciones. Hubo mujeres capaces de votar por quien las escupe y maltrata, hubo inmigrantes haciendo lo mismo. Jamás, nunca lo entenderé. Me digan lo que me digan. Esas mujeres son las mismas que gritan cuando las acosan sexualmente, ah pero si es Donald Trump está bien.

“A mi me importa la economía, no a quien le agarra las nalgas” me dijo una de ellas.

El problema es que en estos 4 años, nos tocó algo más que las nalgas a todos.

Nos tocó la memoria y la razón. De pronto, comenzamos a ofendernos, a despreciarnos y a dividirnos. Cubanos contra mexicanos, nicas contra cubanos, venezolanos contra colombianos, inmigrantes contra inmigrantes, latino contra latino, blancos contra negros, negros contra todos. Ha sido verdaderamente espantoso.

De pronto en redes sociales empezamos a leer que era ok tomar un arma, que estaba bien asesinar a un policía, que estaba correcto en tumulto meterte a una casa que no era tuya en una protesta “pacífica”. Todos incitados al odio por este esperpento draconiano que sigue aferrado al poder como cualquier dictador de pacotilla. Y nos atrevemos a hablar de Franco, Maduro o Gadaffi. Aquí tenemos uno…de quinta.

La enfermedad ya estaba instalada en nuestros huesos y es que todos, absolutamente todos nos enfermamos de Trump. Todos, incluidos sus fanáticos.

Y es que solamente un enfermo siente dolor y malestar estomacal. Ya sea para defenderlo o para despreciarlo.

Por eso, aunque soy periodista de profesión celebro a nivel personal el triunfo de un nuevo binomio político. Me da lo mismo que me llamen activista. De hecho creo que lo soy. Una activista social. Una periodista activa. Los tiempos no están para callarse. Y lo digo en serio. Cuando trabajo solamente reporto lo que veo, intentando describir la realidad que por cierto, cada quien ve de diferente color. Ahora, fuera del aire o de una redacción soy lo que quiero y puedo ser.

Antes de pararme frente a un micrófono, escribir un artículo o hablar en la radio soy mamá, soy inmigrante, soy mujer y sobre todo soy mexicana. Si, una mexicana de corazón que eligió vivir aquí y naturalizarse. Pero, mexicana al fin.

Dios me dio la oportunidad de reportar la noticia de este nuevo amanecer donde la esperanza prevalece y donde millones que no votamos por el nunca nos sentimos reivindicados.

No sé que nos depara el futuro, no sé si lo van a hacer mejor, no sé si van a cumplir aunque sea una de sus promesas, no sé si lograrán unirnos. Tienen una tarea titánica: reparar el corazón.

Pero lo que si sé es que “muerto el perro, se acabó la rabia”…

Vamos sanando…

PD: Esta jovencita celebraba al grito de “Mujeres al poder” girl ? power! ¡Qué momento!

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