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Toda la vida pensé que las madrastras eran ogros espantosos que martirizaban a quienes se les acercaban. Las madres postizas de “Cenicienta” y “Blanca nieves” le habrían causado horror al más valiente. Por eso, siempre le pedí a Dios que me permitiera tener vida suficiente para que, en caso de que yo muriera mis hijos estuviesen listos para enfrentar la vida y si su padre volvía a casarse pues estarían mejor preparados para manejar su nueva situación familiar.

Pero Dios tenía otros planes muy distintos para mi pequeña familia. Y luego de un doloroso divorcio ahí estaba ella, la nueva novia, prometida y finalmente esposa del que fue mi pareja.

“No hay bronca” intenté calmarme. “No viven en la ciudad, así que mis hijos y ‘ellos’ no van a convivir mucho”. Me daba miedo que mis niños, resultaran lastimados por algún tipo de rechazo.

Nuevamente los planes cambiaron y situaciones personales llevaron a mi niño de solo 8 años a vivir lejos de mi casa, con su papá…y su madrastra.

Yo había visto a la señora en una sola ocasión y fue un encuentro agradable. Tenía una hija casi de la edad del mío y la verdad me dio muy buena espina. Mis hijos había pasado algunos días de vacaciones en su casa, pero esto era distinto. Sería ella la que levantaría a mi hijo y le prepararía el desayuno. Ella lo acompañaría a su autobús escolar, ella lo atendería por las tardes, lo llevaría a sus actividades y seguramente le daría el beso de las buenas noches.

Mi personalidad no me permite lamentaciones innecesarias pero tengo que aceptar que me dada cierta angustia pensar en que mi hijito pasaría un año completo con una perfecta extraña. Después de todo, solo la había visto en dos ocasiones por unos cuantos días y yo, de plano no sabía nada de su vida.

“No te preocupes Diana, yo te lo voy a cuidar” me dijo cuando finalmente hablamos para hacer los arreglos de la mudanza de mi hijo a su casa. Sus palabras aquietaron mi corazón y trajeron verdadera paz. Creo que ha sido una madrastra de primer nivel para mis hijos, en especial para Diego, quien vive con ella.

“Me trata muy bien mamá, es muy buena”. “Hoy me regañó porque no quise comer”, “No mamá, no quiero que ella se entere que me porté mal en la escuela”, “Me acaba de preparar mi platillo favorito”.

Ha sido un año de grandes aprendizajes para todos. Mi ex, su nueva esposa, mis hijos, la de ella, yo, todos lidiando de cierta manera con la rara sensación de estar formando una nueva y particular relación familiar. Por extraño que parezca y aunque con cierta distancia, nos hemos hecho buenas amigas telefónicas.

De vez en cuando nos mandamos artículos sobre la maternidad, algunas fotos de los niños, videos del día en que su hijita abrió el regalo que le envié hace poco y hasta canciones románticas.

La vida ha sido tan extraordinaria conmigo que la madrastra de mis hijos ha resultado ser…¡una persona fantástica!

¿Tendría alguna forma de pagar lo que ha hecho por mi hijo? Seguramente que no, lo único que puedo hacer es enviarle bendiciones constantes y recordarla junto a su nueva familia en mis momentos de oración.

No hay palabras para decirte gracias por todas esas horas llevándolo a sus citas médicas y de dentista o porque lo cuidaste con tanto amor cuando se enfermó del estómago…gracias por permitirle tener fotos de su madre colgadas en su recámara, gracias por hacerlo que me llamara continuamente..gracias por todo, de verdad…desde lo más profundo de mi corazón.

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  • Patty Agosto
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    Me alegro mucho Dianita, sin duda si tus hijos se sienten bien, tu te sientes bien. Me alegro que tengas tranquilidad y que seas feliz. Que Dios te cuide y te Bendiga siempre. Con mucho carino.

    • Diana Montano
      Responder

      Mil gracias Patty!

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